sábado, noviembre 01, 2008

CERO AL AS



Siempre supo que debía armar las piezas. Encajar cada pentáculo en el lugar correspondiente. Pero no tenía coraje. Hacía tiempo lo había extraviado en noches de ginebra y lujuria.

Sabía que era tarde para cambiar muchas cosas. Intentar poner marco a viejas fotos de su memoria, que se desdibujaban a medida que los años hacían de él un harapo.

También estaba al tanto que ya no podía tomar decisiones, porque pasó de largo la época frente a sus narices. Y la dejó irse con una mueca de asco, porque no importaba el futuro en aquellos momentos.

Aquellos momentos. Cuando todo era vértigo y carreras contra las horas que significaban nada para su metamorfosis.

Nunca tomó conciencia de ella. Nunca importó si iba o venía. Nunca.

Ahora sí. Pero el reloj no devuelve las horas que llevó ni la vida le da más oportunidades, excepto esta que se apretuja en lo que queda sano de su mente.

Esta, mientras un espejo devuelve vastedades, él aprieta el gatillo.

©Viviana Álvarez

1 comentario:

julia del prado morales dijo...

Asi puede terminar una vida desorientada. Una lástima, en ocasiones somos dueños de una inteligencia superior y nos perdemos en la vida. Eso lastima al protagonista como a su entorno. Besos amiga, Julia