
a regocijar mi alma en sus duendes
con este hombre tan tierno que
mi caminó atravesó con su mirada
he de volar a la cumbre de montañas nevadas
para ser águila y proeza
de la luna enmascarada
he de renacer en pétalos al alba
inundar tus centros con el bálsamo
de mis madrugadas
y al hundirse el sol en ocasos
quedarán en las estrellas las huellas
de tus brazos rodeando mi cuerpo
Viviana Álvarez
2 comentarios:
Muy buen poema interpretas exactamente esa necesidad de encontrar en los ancestros la identidad.
Elisabet
casi amamos, lo mismo; la naturaleza, las estrellas, los pájaros, el sol; las tardes, anocheceres y madrugadas.
Y nos clavamos firmes en duendes y ancestros.
Me gustó mucho tu sentir en poesía. Hasta pronto, amiga
Julia (desde Huacho, Perú)
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