
Gasté mis últimas ilusiones tras tus pasos. Dilapidé sonrisas buscando la senda hasta tu llanura. Monté corceles de espanto en mi travesía.
Traspuse baldíos y desiertos por el canto de tu voz. Agonicé en cien hogueras por el roce de tus manos. Y mis cenizas volaron en alas de cuervos hasta el camposanto del olvido.
Hoy abrazo melancolía, compañera constante.
Mis brazos están vacíos.
©Viviana Álvarez
Traspuse baldíos y desiertos por el canto de tu voz. Agonicé en cien hogueras por el roce de tus manos. Y mis cenizas volaron en alas de cuervos hasta el camposanto del olvido.
Hoy abrazo melancolía, compañera constante.
Mis brazos están vacíos.
©Viviana Álvarez
5 comentarios:
Hermosa desolación. Prosa que desprende aroma a poesia... o tal vez poesia disfrazada de prosa... ¡Y menuda forma de acabar ambos escritos! (este y "Si abro puertas").
P.D. Me gustaría enlazarte en mi paginilla, si no te importa. Ya me dirás algo.
Imposible que tus brazos esten vacíos... con tan bellas palabras, tus brazos estan llenos de amor para entregar. Espero sea la última melancolía.
Salud... pronto nos leemos.
Un momento pasado y un presente que duele muy bien en los brazos. Me gustó mucho Vivi
También muchas veces en la vida aparece la melancolía en sentido positivo.
Paseando por aquí, encontré tu blog.
Muy emotivo el texto, me encanta el lirismo de tu prosa.
UN SALUDO
Viviana,
Le envío un fuerte abrazo de poeta a poeta, para que se le llenen los brazos.
Saludos desde Costa Rica
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